miércoles, octubre 04, 2006

Miedos

A veces se sacrificaba un poco en su andar con el fin de evitar la molestia de su piedra en el zapato, y prefería el dolor de su cadera que no dejaba de reclamar por ser ella la que sufriera las consecuencias, aunque, en ocasiones los gritos de esta terminaban por hacerlo ceder y decidía dar pasos mas firmes, de esos que poco a poco reacomodan las piedras. Ahí iba todo temeroso de descuidarse y que en un revés nuevamente una mujer tomara la piedra del zapato le sacara filo y la regresara a su lugar para provocar otra herida que a su vez le provocará no querer volver a pisar, no volver amar pero, llego el día que alguien le dijo que las heridas de los pies y los zapatos con todo sus piedras no se necesitan para volar......

Nota: Con tu alita derecha y la mia izquierda se hacen un par de alas... y asi no necesitamos andar cargando nuestras piedritas del zapato (que los miedos se queden en el piso y si quieren nos vean volar)