lunes, julio 03, 2006

Luciana no es feliz

-No soy feliz- me dice Luciana pocos instantes después de hacer el amor, mientras aún la tengo abrazada.

-¿Y ahora que?- pensé yo.

Antes de entrar en pánico, recorro los pasos post-coito que el ensayo y error me han ayudado a construir… no pregunté como estuve… no me quedé dormido inmediatamente después… no me levanté a comer o tomar algo… guardé silencio antes que decir cualquier frase estúpida… la tengo abrazada en este momento… ¿qué fue lo que no hice?

No había terminado de recorrer la lista en mi mente, cuando recibo otra bofetada en forma de pregunta-¿Tú si?

El frío empieza a recorrer mi cuerpo, el estrés de la pregunta y la sangre que todavía no fluye normalmente hacia mi cabeza porque tiene otras partes que irrigar, me impiden pensar claramente.¿Será una de esas preguntas inesperadas típicas de ella? ¿Será que necesita reforzar la seguridad de mis sentimientos? Sin dejar notar el shock generado por la pregunta, mi cerebro, en un último uso de sus fuerzas, le ordena a mis brazos que la abracen más fuerte, a mis pulmones que lancen un suspiro y a mi boca que suelte una frase inspirada, pero real-

En este momento, teniéndote aquí conmigo, por supuesto que soy feliz.La respuesta parece que tuvo el efecto indicado, ella no volvió a hacer ningún comentario, apretó mi mano y cayó dormida.

Yo, en cambio, no pude conciliar el sueño nuevamente, ni el calor de su cuerpo desnudo a mi lado, ni el delicioso sonido de la lluvia que empezaba a caer impidieron que mi cabeza empezara a dar vueltas.Luciana no es feliz, eso lo se, lo ha dicho varias veces, en diferentes situaciones, por diferentes causas.

Pero no se porque esta vez la frase no deja de dar vueltas en mi cabeza, quizás fue el momento en que lo dijo, quizás la seguridad con que lo dijo o quizás el haberlo dicho sin ningún contexto o detonante, como alguien que lleva madurando un pensamiento mucho tiempo y lo suelta cuando lo tiene absolutamente claro y respaldado, sin esperar el momento correcto, simplemente dejando caer la bomba, sin necesidad de decir nada más, porque la sola seguridad y confianza al decirlo da suficiente ilustración al tema.

Luciana no es feliz, pero tampoco se ve triste, es muy orgullosa para eso, ha desarrollado una coraza disfrazada de cinismo que la hacen tener la frase exacta ante cualquier comentario que pretenda hacerle ver las cosas de otra manera o criticar su forma de ser y de pensar. Pero no quiero que me malinterpreten, no estoy queriendo decir que sea infeliz, ella misma me hizo la aclaración-

Entre no ser feliz y ser infeliz hay una diferencia importante, la no felicidad es generada por un estado de inconformismo que te lleva a querer cambiar con tus acciones un status quo con el que no estás de acuerdo porque tú tienes aspiraciones de más.

La infelicidad – continúa diciendo ella -es síntoma de un nivel de conformismo tal que dejas de luchar por lo que quieres, no asumes la responsabilidad de tu propio destino y te limitas a quejarte por lo que tienes o eres, o más bien, por lo que no tienes o no eres.-

No soy infeliz, sencillamente no soy feliz, eso que te quede muy claro- termina diciendo.¿Palabras muy rebuscadas?

Lo se, pero así habla ella cuando se pone trascendental y dibujo una sonrisa al recordarlo y me sorprendo como sus frases se han metido tan dentro de mi.

Pero la línea entre los dos estados es muy pequeña y el paso de uno a otro puede estar a un simple tropiezo o decepción de distancia y mi temor oculto es ser el detonante de ese paso adicional.

Miro el reloj, son cerca de las dos de la mañana, y este último pensamiento me deja aun más despierto, si es que se puede; creo que ahora si es momento de tomar algo, Luciana duerme plácidamente, ni notará que me levanto, me pongo el pantalón de la pijama, una camiseta limpia cualquiera que saco del closet y salgo del cuarto con dirección a la cocina.
Si fumara, en estos momentos buscaría un cigarrillo, construyendo una escena típica de cine en este tipo de situaciones (si la película fuera francesa lo haría estando todavía desnudo y en toma abierta, dejando mi reputación por el suelo… recuerden que llueve y hace frío), pero como no fumo, entro a la cocina, abro la nevera, saco leche y la mezclo con chocolate, ¿un antojo? ¿una aberración? no importa, tengo cosas más importantes en que pensar y si eso es lo que se me antoja, eso voy a preparar.

No deja de pasar por mi mente las veces que Luciana se ha reído al ejecutar este ritual después de tener sexo.Me acerco a la ventana, la lluvia arrecia como queriendo recuperar el tiempo perdido por su llegada tarde en este año. México es una ciudad que no duerme y a esta hora aún debería verse mucha gente, pero la lluvia se ha encargado de hacer que sean pocos los que salen a la calle, suena la sirena de una ambulancia que pasa rápido al rescate de algún imprudente, veo la policía buscando la víctima que salve la noche… asi tengan que escoltarla hasta el cajero electrónico en una decidida vocación de servicio que solo se ve en esta ciudad.

Vuelvo a enfocarme. Yo mismo he tratado de hacerle ver las cosas de otra manera, pero sus respuestas me dejan callado con su lógica abrumadora.

Cuándo le hice el reclamo de por qué veía el vaso medio vacío queriendo acudir al trillado ejemplo del vaso con agua medio vacío o medio lleno, me respondió tajantemente que estaba en un error, que ella ve el vaso medio lleno o incluso lleno completo, el problema radica en que ella lo ve lleno de mierda.Alguna vez que quise hacerle ver que los golpes recibidos eran parte de lo que llaman Escuela de la Vida, su respuesta fue que lamentaba que en su caso le haya tocado en escuela pública y no en una de paga.

La vida de Luciana no ha sido fácil, pero hay que ser honestos, tampoco ha sido la más difícil, sin embargo esto no es de comparaciones sino de vivencias, diría ella; la ausencia física temprana de su padre la marcó, aunque le enseñó a valerse por ella misma y no depender de nadie… a no esperar nada de nadie. La ausencia virtual de su madre la marcó aún más, ella siempre estuvo ahí, pero sus nervios y preocupaciones la convirtieron en una presencia lejana, salvo cuando necesitara un favor de ella.

-¿Te has dado cuenta que hay un momento en la vida en que dejamos de ser educados y sostenidos por nuestros padres y pasamos a educarlos y mantenerlos a ellos?- decía en su lógica habitual.-Creo que nuestro principal aportes como padres, además de educar y dar valores a nuestros hijos, es en no estorbarles- terminaba ya con un tono de ironía.

Luciana no se enamora fácilmente, ha recibido varios golpes, físicos y sicológicos, eso ha hecho que el corazón sea lo último que entregue en una relación; aún no estoy seguro si en mi caso ya lo hizo, aún no estoy seguro que yo lo haya hecho. Quizás en algún momento lo entregó pero se asustó (¿o fui yo quien se asustó?) y lo escondió nuevamente. Quizás ya no lo entrega porque no recuerda cómo hacerlo. Quizás aunque dice estar preparada para una relación, inconscientemente sigue construyendo en su cabeza un príncipe azul con las virtudes y habilidades que nunca conoció de su padre y las que nunca le mostró su madre, pero sin los defectos de ellos.Cómo quisiera despertarla ahora y decirle que no se preocupe, que todo va a estar bien, que no soy ese príncipe azul con el que ella sueña, pero tampoco soy el ogro del reino, soy un poco bufón de la corte para hacerla reír, caballero en armadura para no dejar que le pase nada malo y Mago Merlín para ayudar a que cumpla sus metas y sueños... pero mientas ella siga pensando en el príncipe, cada mal rato que pasemos irá rompiendo el hechizo y me irá convirtiendo un poco más en sapo.

Pero prefiero dejarla dormir, hace muchos días no nos veíamos y regresó cuando pensé que nunca más lo haría, no sé porque lo hizo, simplemente llamó, la sentí alterada y me pidió que si podía pasar esa noche en mi casa. No alcancé a preguntar, a ambos nos pudo la ausencia, la soledad, el deseo y un poco la costumbre.

Luciana se muestra como una mujer muy madura, es más, no podría asegurar cuál es exactamente su edad, y cada vez que he querido preguntarlo me responde una cantidad diferente, siempre mucho mayor a los años que ella debe tener, porque en sus actitudes, en sus vivencias, en sus frases y en ciertas épocas de las que hace mención quisiera hacerme (hacerse?) creer que es mayor a su verdadera edad.-Lo importante no son los años que se tienen, los importantes son los que faltan- me dice –después de todo, los años no se tienen, se pierden, como es todo en esta vida, de perder, vas perdiendo el pelo, vas perdiendo amigos, vas perdiendo familiares, vas perdiendo la memoria, vas perdiendo habilidades e incluso vas perdiendo hasta la dignidad.

-Cuando entendamos que la vida no se trata de conseguir lo que no tienes, sino de aceptar que pierdes lo que tienes y te vas quedando con lo que en realidad eres, ese día empezaremos a ser felices- dijo algún día en un juego de palabras en el que no quise descifrar, porque podría darme cuenta que me ganaría por nocaut.

Pero yo pude conocer la niña que hay dentro de Luciana, la que vive una inocencia tardía porque todos los seres humanos debemos recorrer cada una de las etapas de la vida, solo que a algunos les toca vivirlas en desorden. Ella tuvo que madurar más temprano y su inocencia para muchas cosas lo demuestra. He vivido la niña que disfruta viendo cualquier película de dibujos animados en el cine y que encontró en mi el cómplice para no ir a verlas sola, la niña que puede pasar toda una tarde con su cabeza en mis piernas mientras yo toco su pelo como abuelo consentidor.La niña que se tira con la cabeza hacia abajo y las piernas en el respaldo del sofá en el que estoy sentado ahora, el frío me hace buscar una cobija, en el camino cierro la puerta del cuarto, enciendo el estereo y hago sonar el CD que está adentro. Ahora somos Silvio Rodríguez y yo los que no podemos dormir, él decide tocar su guitarra y cantar un réquiem para mi, afuera aún llueve, ahora con menos intensidad o así lo siento por el ruido de la música… “disfruté tanto tanto cada parte, y gocé tanto tanto cada todo, que me duele algo menos cuando partes, porque aquí te me quedas de algún modo” insiste en recordarme Silvio como si ya no tuviera suficiente en que pensar.Luciana es desconfiada y yo le he dado razones, la suma de dos soledades no suman necesariamente una pareja, tampoco la despareja como diría Mario Benedetti. La unión de dos personas que no pueden estar solas no hacen una buena compañía, se convierte en algo enfermizo, demandante, dependiente disfrazado de buenos momentos.

Quiero que Luciana sea feliz, pero no está en mis manos, ni siquiera un poco, yo puedo ayudar y hacerla pasar momentos felices… y los hemos tenido, pero la única responsable de su felicidad es ella. No puede soltarme esa tarea a mi, el solo pensarlo ya de por si abruma, bastante tengo con buscar mi propia felicidad. El pasado no se borra, al contrario, está tan marcado en nosotros que es el que ha hecho de nosotros quienes somos, hay que caminar hacia delante, usando el pasado solo como referencia, como aprendizaje y como experiencia. Si solo pudiera que elle me creyera esto.La oscuridad afuera llega a su fin, pero en mis ideas no, aún no están claras ni pretendo que lo estén.

El frío característico del amanecer empieza a pegar y el sueño ya no me permite pensar con claridad, ahora lo único que pasa por mi mente es regresar a la cama caliente, meterme en las cobijas sin que Luciana se de cuenta, acercarme a ella, abrazarla por detrás, cruzar mis pies entre los suyos y, porque no, hacerle nuevamente el amor, pero el respeto y el cansancio me vencen y prefiero dejarla dormir.

Me limito a simplemente entrar en las cobijas en mi lado de la cama sin siquiera acercarme a ella.Alcanzo a dormir solo un rato, o por lo menos eso creo yo, giro queriendo buscar a Luciana pero no la encuentro. Me quedo extrañado porque no la escuché levantarse y tengo el sueño liviano. La busco por todo el departamento, el baño, la sala y la cocina, pero no aparece. No pudo haberse ido, la puerta aún tiene doble llave y el pasador puesto.

Mi mente empieza a dar vueltas, ya no se si Luciana realmente existe o existió, parece ser más bien el resumen de mis inseguridades, mis miedos y mis esperanzas mezclado con el aprendizaje y los errores de las mujeres que he amado, tanto de las que me han amado en respuesta, como aquellas que nunca supieron de mis sentimientos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuantos años tiene Luciana? Ya perdio 28 y los que tiene estan por delante y nadie sabe cuantos son, ha sido un camino dificil pero nadie lo escoge, ahi esta, eso te toco y tu mision es hacer que cada instante de propia vida sea feliz por tan solo tener la dicha de poder respirar , es una mision pasajera en un istante de un todo, es un respiro en el universo, pero Luciana tiene la capacidad de hacer ese respiro uan inhalacion profunda y excitante y para ese entonces Luciana sera Feliz.

eNedicto XVI dijo...

para cueando Luciana sea feliz, morirá, por que ya habra cumplido su objetivo en esta vida...