lunes, julio 03, 2006

Bulimia

Desayunaba besos podridos y se robaba uno que otro abrazo amargo que le servía para calmar las tripas que lo hostigaban al mediodía.
En ocasiones tenía que conformarse con pedir, por teléfono, un frío e insípido “yo también”, que lo único que lograba era provocar el deseo de hastiarse de orgasmos pintados con colorante artificial y terminar el día vomitando por lo ojos el amor no correspondido.

1 comentario:

Anónimo dijo...

He de tener bulimia porque frecuentemente desayuno besos podridos.